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La mensajera de Elphame, análisis de una novela romántica con mucha magia

Análisis de La Insomne Género Romance

La mensajera de Elphame - Argumento

La mensajera de Elphame nos sitúa en plena Escocia medieval. Allí, Aila, una bruja muy querida por su pueblo, se prepara para llevar a cabo sus tareas diarias con la sombra de una profecía sobre su cabeza: que su marido vendrá a buscarla pronto. Lo que Aila no se esperaba era que este príncipe soñado fuese en realidad un guerrero de las Highlands relacionado con una terrible guerra entre clanes.

La mensajera de Elphame - Análisis

La mensajera de Elphame es, ante todo, un libro de romance histórico con una documentación exhaustiva y fresca. A diferencia de otros libros del género, cuida enormemente las situaciones y los eventos a los que se ve sometia Aila sin desprestigiar por ello la figura del personaje femenino.

La novela tiene una fuerte carga feminista en el personaje de Aila, la hechicera. Dentro de una historia que en teoría solo tendría que hablarnos de amor, Jane Hormuth hace espacio para tratar temas tan de actualidad como la tolerancia por las creencias de otros pueblos y razas, el respeto al cuerpo humano o la comunión y el respeto por la naturaleza. Aila es un personaje fuerte que, a pesar de las acusaciones de las personas que le rodean, es capaz de esgrimir sus argumentos sin hacer uso de la violencia ni gritar. Magistralmente, Jane nos explica la diferencia entre la objetivización de la mujer y el hecho de que una joven seduzca al hombre que desea con su cuerpo con simpleza y sencillez, sin darle demasiadas vueltas al asunto.

Al mismo tiempo, la novela construye a la perfección la separación entre dos mundos que estuvo imperante durante siglos en las Highlands entre las personas que creían en las gentes de astucia y el poder de la Dama Verde, y los católicos convertidos por la labor evangelizadora que condenaba lo que ellos llamaban “actos de brujería”. No podemos olvidar, que Escocia, especialmente las Highlands, todavía conserva fuertes tradiciones y ritos celtas que llaman a la comunión entre el alma y los espíritus de la naturaleza.

En ese punto se encuentran muchas mujeres de esta novela, a las que se presentan como fuente de la razón y la empatía. Las mujeres de la mensajera de Elphame, como Muriel, Kenza, Lorna o incluso la propia Meribeth, son las más tolerantes de todas, capaces de adaptar su pensamiento para comprender, tolerar e incluso amar a Aila con sus excentricidades. El mal en esta novela lo gobiernan precisamente hombres como el padre Henry, el padre de Daimh o el propio Cormag, a los que mueven sentimientos primitivos como la ira y la venganza y que están, por tanto, en menor comunión con la naturaleza.

Sin embargo, Aila tiene que enfrentarse a la ignorancia de las clases populares y de aquellos que temen sus poderes. A la envidia de la joven que se acostaba con Daimh o incluso al desconocimiento de aquellos que temen el influjo de Satán en la obra de Aila. Precisamente este es uno de los temores de la joven antes de partir: no me entienden, no me conocen y seguramente me hagan daño, pero tengo que partir de igual manera. De nuevo, Jane Hormuth aprovecha esta novela romántica para hablarnos del valor, de la fidelidad a uno mismo y de no dejarse llevar por el miedo al qué dirán.

Al mismo tiempo, la novela tiene un fuerte mensaje antieclesiástico, y no se corta en ningún momento de explicar cómo la Biblia y el mensaje de Dios extendido por los hombres, es uno de los mayores bulos propagadores de la misoginia que se puede encontrar.

¿Pues por qué carajo todos piensan que fue un Dios, un único Dios masculino el que creó al hombre? [...] Le dije claramente al padre Henry que estaba muy confundido y que probablemente fuera una diosa la que hizo tal cosa. ¡Pero la estupidez de ese hombre no quedó ahí! ¡No, señor! Me dijo que el Dios ese había creado al hombre primero. ¿Y sabes de dónde salió Eva, esa pobre mujer? ¡De la costilla de Adan! ¿Pero qué mentecato puede aceptar eso? No hay que ser muy astuto para que la historia resulte un tanto extraña. ¿De una costilla? ¡Por favor! Y es que luego culpan a la pobre Eva de pecar, de caer en la tentación. Daimh, la historia es una clara venganza hacia la mujer, digan lo que digan, eso es lo que opino.

Lejos de limitarse a explicarnos que Aila es una hechicera o “bruja”, Jane Hormuth se explaya en todo momento explicándonos los rituales de la joven Aila y sus creencias. Cada roca que ella sujeta esconde un principio y unas propiedades y pronto, como lectores, aprendemos a diferenciar que el cuarzo rosa es ideal para atraer amor y amistad y que la corteza de roble proporciona protección. La increíble documentación de la obra, además de lo bien escrita y editada que está la obra, desmarcan por completo a La mensajera de Elphame del resto de novelas románticas intrascendentales.

Quizás no por primera vez, pero este es uno de los raros casos de romance, en el que la historia no gira alrededor de él y de sus dramas, sino que es la lucha de una mujer por hacerse de valer y que además cuenta con el toque romántico y erótico necesario para completar una trama casi perfecta.

La mensajera de Elphame - Opinión

Honestamente, la mensajera de Elphame ha sido toda una sorpresa. En mi modesta

opinión, existen dos tipos de novelas románticas: las facilonas, y las documentadas. Una novela romántica facilona es la que sitúa un setting entre un hombre musculado con un pasado oscuro y una joven independiente y atractiva y donde la acción es simplemente un mal necesario para pasar a las situaciones románticas estereotípicas. Y después, están las novelas románticas como La mensajera de Elphame.

Lo primero que llama la atención de la novela es el profundo conocimiento histórico que tiene Jane Hormuth sobre las guerras entre clanes en la Escocia medieval. En el tercer capítulo de la novela nos introduce una compleja trama familiar de envidias, desaires y guerras entre el clan Mackenzie (que los fans de Outlander conocerán por ser el clan que rescata a Claire) y el clan Mcleod. La densidad de los nombres y de las relaciones entre los familiares hace que por un momento nos sintamos perdidos, pero no hay nada que temer, porque en cuanto vayamos conociendo a los personajes todo nos será tan natural y cercano que nos veremos completamente inmersos en la historia.

Aila es una de las pocas protagonistas que representan mejor el feminismo y la tolerancia ante el cuerpo que he encontrado en ninguna novela romántica. Sus ideas, fuertes y distintas a los demás, no se imponen por la fuerza y ella las esgrime con toda la lógica posible del mundo frente a los mastodontes de guerreros escoceses o la ignorancia de las mujeres temerosas de la iglesia de dios.

No sé si esa Eva fue vuestra madre o habláis de otra cosa, tampoco sé cuál fue su pecado [...] y creo que si la condenaron por contradecir la palabra de algún hombre, debería estar orgullosa de ser su hijo. Tal y como piensan los hombre de hoy en día, entiendo que lo hiciera. De cualquier modo, creo que deberían haberos dicho que tenéis el don de dar la vida, ese es vuestro poder. ¿Existe algo más maravilloso, más poderoso? Todas llevamos una pequeña diosa dentro, somos demasiado valiosas para que nos escondan y nos silencien. Todas poseemos una sabiduría innata.

La novela no se limita a escenas de brujería, descripciones sobre el poder las piedras y guerras contra la iglesia, sino que también guarda momentos extremadamente tiernos entre Aila y Daimh. Cada vez que él desenrollaba su plaid para envolverla en él y acercarla a su cuerpo caliente, yo temblaba en mi sitio, imaginándome su fuerte tórax. Y es que a diferencia de otras novelas, La mensajera de Elphame no se detiene en describirnos cada detalle de la fisiología de los personajes: con un par de pinceladas ya nos muestra el cuerpo de los protagonistas y luego es su carácter y sus acciones las que nos permiten profundizar en ellos.

La mensajera de Elphame - Conclusión

La mensajera de Elphame es una novela de romance histórico magníficamente documentada, muy recomendable y que cuenta, cómo no, con el cariño que Phoebe Romántica le pone siempre a todas sus obras.





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